viernes, 13 de junio de 2014

Tyrfing


-Los enanos y Svafrlami por Jenny  Nystrom (1895)-

En la mitología nórdica, Tyrfing es la poderosa espada del rey Svafrlami, hijo del rey Sigrlami y nieto de Odín (aunque algunas versiones descartan el parentesco con el dios). Svafrlami se encontraba de casería a lomos de su corcel, cuando descubre a dos enanos ocultos junto a una piedra; pone si espada sobre las cabezas de los enanos, impidiendoles escapar y los mismos le ofrecieron comprar su libertad con una espada mágica, capas de cortar montañas y metales sin dificultad, incapaz de oxidarse o romperse e invencible ante cualquier oponente. Svafrlami acepta y recibe la espada fascinado por la bella de su hoja y la nombra Tyrfing. 
Cumple su palabra y libera a los enanos, quienes antes de desaparecer lanzan una maldición a la espada, la cual solo le traería desgracias y desembocaría en tres tragedias que llevarían su reino a la ruina.
Desoyendo la maldición de los enanos, Svafrlami lucha contra Arngrim, un guerrero vikingo. Pese a que Svafrlami rompió el escudo de su oponente, éste le cortó una mano y finalmente lo mata con su propia espada maldita para luego tomar a su hija Eyfura como esposa, con quien tuvo 11 hijos. Según otras versiones, Arngrim era un caudillo que recibió la espada y la mano de Eyfura por su lealtad al rey.

Se cual fuere la versión, los 11 hijos de Eyfura y Arngrim comparten el mismo destino de muerte en ambas, a causa de la maldición de la espada, la cual se transmite a Hervor hija del mayor de los hermanos, Ongenpeow. Ella reclama la espada perdida en la tumba de su padre y vive diversas travesías donde siempre obtiene la victoria, hasta que cansada ya de sus aventuras, se establece en su reino, se casa y tiene 2 hijos, Angantyr y Heidrek. Pero la espada siguió cumpliendo la maldición, cuando Heidrek, camino al exilio por su mal temperamento, mata accidentalmente a Angantyr cuando le pidió desenfundar la espada para verla. Con un hijo muerto y otro en el exilió, el reino cae en la ruina cumpliendo la maldición de los enanos.